24Barcelona es como ese amigo raro pero encantador que siempre saca algo inesperado de la mochila. La ciudad tiene mil secretos, callejones con historias extrañas, esculturas sin sentido aparente y costumbres que harían levantar una ceja hasta a tu abuela. Si pensabas que ya lo habías visto todo, agárrate los pantalones, porque esto se pone divertido.
¿Un dragón por aquí, otro por allá?
Hay más dragones en Barcelona que turistas en agosto. No es broma. El dragón es símbolo de Sant Jordi, el patrón de Catalunya, y se pueden ver literalmente por TODAS partes. En balcones, fuentes, tejados, farolas… incluso en forma de pomo en puertas que parecen llevar al castillo de Narnia.
Uno de los más famosos es el dragón del Passeig de Gràcia, en la Casa Batlló de Gaudí. Pero no es el único. Hay uno medio escondido en una tienda de chuches en el Gòtic que parece que se va a comer a los gusanitos Haribo. Ojo, que dan susto si no te lo esperas.
¿Un barrio con calle… de un beso?
Sí, existe una calle en el Raval que se llama Carrer del Petó. Petó significa “beso” en catalán. Y aunque no es muy larga (ni muy romántica tampoco, para ser sinceros), tiene su encanto. En realidad, todo el Raval es un viaje entre lo alternativo, lo decadente y lo misterioso. Hay bares donde te sirven gin-tonic con palo de regaliz y librerías donde venden libros que no existen. ¿Cómo? Pues sí. No preguntes.
¿La estatua más odiada (y fotografiada)?
Hay una escultura gigante de una gamba sonriente cerca del Port Vell. ¿Por qué? Ni idea. Fue parte de un chiringuito que ya no existe. Se llama la Gamba de Mariscal, y es fea como pegarle a un padre con un calcetín mojado, pero a los turistas les encanta. Se hacen fotos como si fuera la Torre Eiffel con patas.
Dato curioso: estuvo a punto de desaparecer, pero la gente se encariñó tanto con la gamba que la mantuvieron. Ahora es parte del mobiliario emocional de la ciudad. Barcelona, te amamos por tus rarezas.
El metro que no va a ninguna parte
En la estación de Espanya, hay un andén que parece sacado de una película de fantasmas. Está cerrado, oscuro, y no lleva a ningún sitio. Se construyó para una línea que nunca se llegó a completar. Y no es el único. Hay varias estaciones “fantasma” en el metro de Barcelona, como la de Gaudí (sí, existe, aunque nadie la use), o la de Correos.
Algunos dicen que están embrujadas. Otros simplemente que se quedaron sin presupuesto. Lo cierto es que si tienes suerte (o algún contacto en TMB), puedes hacer una visita nocturna guiada y sentirte como un explorador urbano. O un idiota con linterna. Depende.
